TOMO III: TRATADO DE PESAJIM
El Talmud y la Sabiduría Rabínica a la Luz de las Enseñanzas de Yeshúa Hamashiaj (Jesús el Cristo)
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por:
Lauro Eduardo Ayala Serrano
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Con todo cariño para mi sobrino,
Jorge Luis Ramos Cepeda.
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Copyright 2011: Lauro Eduardo Ayala Serrano
Registro Público: 03-2011-081711110800-01
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INDICE
Prefacio ***** Introducción
Capítulo I: Interpretaciones Talmúdicas del Antiguo Testamento
Génesis ***** Éxodo ***** Números ***** Deuteronomio ***** Jueces ***** Samuel ***** Reyes ***** Ester ***** Job ***** Salmos ***** Proverbios ***** Eclesiastés ***** Cantar de los Cantares ***** Isaías ***** Daniel ***** Oseas ***** Amós ***** Zacarías ***** Malaquías
Capítulo II: Interpretaciones Talmúdicas del Nuevo Testamento
Mateo ***** Marcos ***** Lucas ***** Hechos de los Apóstoles ***** Romanos ***** Corintios ***** Gálatas ***** Apocalipsis
Capítulo III: Hechos Rabínicos
Bibliografía ***** Glosario
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PREFACIO
El Mesianismo occidental, es decir, el cristianismo que acudiendo a la matriz judía busca vincular el Nuevo Testamento con su soporte original hebreo, es la única corriente de la fe en Yeshúa HaMashiaj que ha podido con un acierto verdadero, entender de manera más profunda las sagradas Escrituras.
Es precisamente este enfoque el que se quiere dar a este escrito: la búsqueda de la matriz judía que permita comprender de una manera más honda el Nuevo Testamento y las enseñanzas de Yeshúa HaMashiaj.
Mi padre decía que la introducción de un libro es como su espina dorsal, ya que nos va a dotar de las claves necesarias para poder entenderlo, por lo que le sugiero al lector adquirir los volúmenes anteriores de esta colección, donde se plantean dentro de los respectivos Prefacios e Introducciones, las bases para entender las reinterpretaciones rabínicas del Antiguo Testamento, que representan la continuidad del pensamiento restaurador de los profetas bíblicos.
En cada recapitulación de un Tratado Talmúdico, ofreceré Prefacios e Introducciones diferentes, en base a dos anécdotas personales que me sucedieron cuando leía colecciones de varios volúmenes.
En la primera anécdota, la Introducción se repetía, y luego de ocho libros de saltarme las primeras páginas, me pareció un poco absurdo desperdiciar cuartillas en decir lo mismo cuando pocas veces se emprende un trabajo de varios tomos, y cuando hay tanto qué decir.
En mi segunda experiencia, me sucedió que conseguí cinco de seis tomos de una colección. El sexto tomo era un ejemplar que había conseguido por separado en otra edición. La colección estaba comentada y daba una biografía muy interesante del autor, de modo que cuando me percaté que me faltaba el sexto tomo, y que sin ese volumen me perdía el comentario biográfico del autor, moví mar y tierra para conseguir el libro. Era una edición de 1976, que tuve que adquirir por internet y además pagar más del triple de lo que costaba, y todo porque me parecieron geniales los Prefacios e Introducciones.
De esta manera, como respeto reverente a los lectores que decidan tener la colección completa, me he dado a la tarea de escribir un Prefacio y una Introducción diferentes para cada volumen.
Para el lector que quiera conseguir un volumen atrasado y que esté perdido en algún anal en alguna biblioteca, haciendo el esfuerzo por encontrar un tomo anterior, no solamente honra a la sabiduría rabínica, sino la ardua tarea de un servidor de compilar lo mejor de cada Tratado y de comentarlo para hacer el texto más explícito y además darle una enseñanza práctica, que si la aplica en su vida cotidiana, bien hará.
El trabajo de traducir manuscritos ha sido de crucial importancia en la historia. Baste recordar a Avendant Israelita o a Moshe Sefaradí, por ejemplo, quienes vivieron en Provença a principios del siglo XII AD, y quienes contribuyeron con la traducción sistemática de textos árabes al hebreo, haciendo crecer culturalmente a la comunidad judía de Sfarad de una manera tan radical que empezó a competir por la autoría con las comunidades en Babilonia e incluso en Israel, pues introdujeron por medio de sus traducciones conceptos de geometría, aritmética, lógica, dialéctica, física, música, astronomía, astrología, Ciencias Naturales y gramática, que hasta entonces eran desconocidos para el judaísmo, por encontrarse escritos en idioma árabe.
En términos académicos, es muy recomendable consultar los textos en el idioma original del autor, pues las traducciones dejan algunas áreas sin análisis dependiendo de la idiosincrasia, nivel cultural y académico del traductor.
Por otra parte, existe un trabajo de traducción al español de los textos talmúdicos, pero con los precios tan prohibitivos de cada ejemplar, aunado al lenguaje denso y complejo que manejan estos manuscritos, los convierten en libros prácticamente inaccesibles para el público.
Me he esforzado en presentarte una obra concienzudamente estudiada, analizada y asequible a nuestra cultura, de modo que el trabajo de traducción es loable por sí mismo, pero el de compilación de las mejores historias talmúdicas, sumado al comentario explicativo y a la práctica enseñanza moral hacia nuestras vidas, le confieren un valor incalculable a esta colección de manuscritos.
Se omitirá de ahora en adelante llamar “Dios” a la deidad hebrea, como he explicado de manera muy detallada en los Tomos I y II. De ahora en adelante se le llamará como está escrito en la Biblia hebrea: YHVH.
El doctor Melchor Rodríguez Caballero, experto en judaísmo y rabino mesiánico de una kehilá en Puebla, apunta a la persona que quiera respetar las tradiciones judías y considere más apropiado no pronunciar el Nombre Sagrado por reverencia o respeto, que simplemente sustituya YHVH por Adonai o Hashem al realizar su lectura. Esta es la manera como se pronuncia dentro de las sinagogas hebreas cuando se leen los libros de la Toráh.
He decidido dejar al lector escoger cómo pronuncia el Nombre, escribiendo en cada caso solamente las consonantes. Se ha preferido utilizar en este texto las consonantes YHVH, con V porque es la traducción literal de la Vav hebrea.
Como también he detallado ampliamente en los Tomos I y II, utilizaré el nombre hebreo de Jesucristo, el cual se pronuncia como Yeshúa HaMashiaj, porque el personaje histórico que portaba este nombre era hebreo, y decir su nombre como Él mismo lo pronunciaba, es mostrar un considerado respeto por su estatura y grandeza.
En mis comentarios de las historias talmúdicas, me he dado a la tarea de mencionar distintos nombres o atributos del Eterno, los cuales he retomado de mi libro Los Nombres de Dios. Los nombres que utilizo están vinculados a la cita bíblica talmúdica o a mi comentario del Nuevo Testamento.
Finalmente, he buscado una mayor concordancia con el Nuevo Testamento, de manera que las enseñanzas rabínicas nos permitan comprender con una mayor profundidad el intercambio de ideas, opiniones y verdades, sea consciente o no, que existe entre los escritores neotestamentarios. Todo esto conforme a las posturas del doctor Israel Yuval, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que afirma que existe un diálogo entre los textos talmúdicos y los del Nuevo Pacto.
Este tercer volumen es una compilación de textos del Tratado Talmúdico de Pesajim, el cual abreviaré como TP de ahora en adelante.
Pesajim es un término hebreo que significa “las dos Pascuas,” por lo que aquí se clarifican aspectos relevantes de este hecho, de modo que este Tratado nos acerca a Yeshúa HaMashiaj desde la perspectiva concreta de la ortodoxia del judaísmo, de la profecía y de la consumación como Cordero Pascual desde el ámbito espiritual.
El lector verá que un vasto número de historias hacen referencia a la celebración de la Pascua, lo que también dará luz acerca de Yeshúa HaMashiaj, que celebra la última cena con sus discípulos durante la celebración de esta fiesta nodal tanto para el judaísmo como para los seguidores del Mashiaj.
Para este tercer volumen he decidido aludir al Código Real del doctor Dan Ben Avraham en todas las citas del Nuevo Testamento, con el propósito de enriquecer esta obra con la traducción que ha realizado el doctor ben Avraham de una manera tan brillante.
En vez de llamarle Nuevo Testamento, lo citaré como Código Real, reconociendo de este modo la increíble labor que Dan ben Avraham ha realizado al escribir un texto obligado en toda biblioteca. Dan ben Avraham justifica el uso del título Código Real de la siguiente manera:
“Código, porque requiere del conocimiento de ciertas reglas de interpretación específicas para ser apropiadamente explicado. Real, porque se trata de la Casa Real de David, esto es, de la promesa de restauración del Reino dada a David, el hijo de Isaí” (Ben Avraham, 2010: 120)
Considero el trabajo de Dan ben Avraham como un pilar para la mejor comprensión del Nuevo Testamento en hebreo, si bien que las traducciones de los textos originales que tenemos fueron escritos en griego, en realidad reflejan a pensadores hebreos y varios teólogos sostienen, entre ellos el mismo Dan ben Avraham, que hubo un original hebreo.
El Código Real modifica los nombres de los libros contenidos en el Nuevo Testamento y los escribe como son en hebreo. Sin embargo, para no confundir a un lector nuevo en el manejo del hebreo, especificaré los libros en español, facilitando de este modo su búsqueda en cualquier Biblia, pero teniendo en cuenta que cuando cite cualquier libro del Nuevo Pacto, la traducción será tomada del Código Real.
Como en los textos se utilizan palabras del judaísmo rabínico, se ha realizado un glosario de términos hebreos de utilidad para el lector, mismo que se encuentra al final de este manuscrito.
Espero que con la gran ayuda del doctor Melchor Rodríguez Caballero, a quien debemos la publicación de este tercer manuscrito del Talmud, pueda apresurarme en la realización de los siguientes tomos restantes.
La forma en como presento el texto es sencilla: he dividido las historias recopiladas del Talmud en 3 secciones principales:
Capítulo I: Aquéllas que están relacionadas directa o indirectamente con citas bíblicas del Antiguo Testamento, y digo directas, porque muchas veces las mismas historias talmúdicas son interpretaciones de las Escrituras.
Capítulo II: Aquéllas que están relacionadas con citas bíblicas del Nuevo Testamento, y es que a veces, de manera indirecta, algunos temas talmúdicos sirven para esclarecer textos neotestamentarios.
Capítulo III: Aquellas que no tienen relación con ninguna de las anteriores, sino que se trata de historias rabínicas que abordan de temas judíos plenamente. Sin embargo, cuando comento estas historias, también las explico a la luz del Nuevo Testamento.
En cada capítulo escribo primeramente el libro bíblico de donde fueron tomados los extractos, luego la cita bíblica, la explicación o historia talmúdica que hace referencia a esa recopilación y finalmente, con letras itálicas, mi reflexión acerca de lo que se acaba de leer, con un punto de vista moral de un seguidor de Yeshúa HaMashiaj y apegado estrictamente a la Biblia.
Expreso un profundo agradecimiento, en primer lugar, a mi esposa, Guadalupe Ortega Reyes, quien me ha brindado una ayuda excepcional.
Al ángel del Cielo que me puso el Eterno, Nelson Abraham Cerda Perez, que ha realizado con una creatividad impar las portadas de los últimos libros, y todo por medio de internet desde Managua, Nicaragua.
Al doctor Dan Ben Avraham, a la ingeniera Magdalena Serrano Deitz y a la licenciada Eréndira Domínguez Benhumea por ayudarme en la corrección de estilo y darme invaluables ideas.
Al pastor Javier Hermoso Barradas por el arduo trabajo de difusión.
Al doctor Melchor Rodríguez Caballero, quien hizo posible la publicación de este material.
A Yeshúa HaMashiaj como siempre sea toda la gloria, el honor y el poder por los siglos de los siglos. Amén.
Lauro E Ayala S Enero del 2012
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INTRODUCCIÓN
Mientras que en el Tomo I planteaba que los profetas del Antiguo Testamento, al igual que los rabinos del primer siglo de la era cristiana, tenían posturas reduccionistas y selectivas hacia el cúmulo de mandamientos del Pentateuco, para el Tomo II mi opinión fue muy diferente.
Y esto se debió a que luego de discutirlo con el doctor Melchor Rodríguez Caballero, experto en judaísmo y rabino mesiánico de una kehilá en Puebla, me percaté que en realidad tanto los profetas como los rabinos del primer siglo apoyaban el cumplimiento radial de todos los mandamientos. Basado en este argumento comprendí que esto era totalmente cierto, pues de otra forma, ¿qué sentido habría tenido escribir 26 libros comentando los mandamientos del Antiguo Testamento? Ese comentario es el Talmud.
Recuerdo mientras leía un Tratado del Talmud, que coincidía con mi lectura diaria bíblica referente a los mandamientos del Éxodo, que páginas enteras de discusiones rabínicas talmúdicas trataban de discernir, clarificar y simplificar al lector el conjunto de mandamientos que por otra parte estaba yo leyendo en la Biblia. La experiencia fue fascinante al comprender que los cientos de cuartillas que conforman un Tratado en realidad estaban diseñadas para esclarecer la voluntad divina de los mandamientos del Antiguo Testamento.
En la Introducción de los Tomos I y II se ha realizado una breve reseña diacrónica de lo que es el Talmud, cuándo surge, cómo se cristaliza y qué impacto tiene en la sociedad que lo escribió en tiempos de Yeshúa HaMashiaj.
En esta Introducción quiero profundizar en el impacto de este tipo de literatura y la fe en Yeshúa HaMashiaj, ya que entender los textos judíos y anexarlos a nuestra suma de conocimiento general, es vital para poder comprender de manera más profunda y real el Nuevo Testamento.
De acuerdo a David Levine, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el período del Segundo Templo, que nosotros conocemos como el tiempo en que vivió Yeshúa HaMashiaj, se caracteriza por la reinterpretación de las narrativas bíblicas como una práctica común.
Es por esto que la centralidad del Templo era esencial para mantener un canon bíblico lo más apartado de las contaminaciones reinterpretativas de individuos que no tuvieran la autoría de la revelación divina, de modo que “las Santas Escrituras estaban en los lugares sagrados de Jerusalén. Antes de la destrucción del Templo no se podía introducir ninguna otra clase de libro en el mismo” (Beckwith 1988:40-41).
En este tiempo del Segundo Templo, florecían principalmente dos grandes tipos de literatura interpretativa judía: Por una parte, los textos pseudoepígrafos del Antiguo Testamento, es decir, una compilación de textos re-escritos del Antiguo Testamento que tanto el judaísmo como el cristianismo consideran falsos, espurios y profanos. Estos textos son expansiones de historias del Antiguo Testamento, leyendas, literatura filosófica y de sabiduría, oraciones, salmos, odas o fragmentos de obras judeo helenas.
Por otro lado, afloraba también la literatura rabínica reinterpretativa de las Escrituras, que tiene un innegable carácter sagrado, y que dentro del judaísmo es una literatura totalmente inspirada por YHVH. Se trata del Talmud.
En este contexto el historiador judío de tiempos del Segundo Templo, Josephus Flavius, es el primero en mencionar al Talmud como una tradición oral explicativa de las Escrituras, autorizada por los fariseos, pero con serias diferencias y problemas con los saduceos, quienes no aprobaban esta oralidad.
Esta tradición oral farisaica defendía la creencia de que Moisés, junto con los mandamientos que conformaban la ley judía, había recibido una Toráh Oral interpretativa de las Escrituras en el Monte Sinaí.
Por supuesto que cualquier reinterpretación oral de las Escrituras tendría la tendencia a la cristalización y a la incorporación al canon bíblico después de algunos siglos de permanencia. Esto fue precisamente lo que le sucedió a la tradición farisea que conocemos como el Talmud, aunque de manera inconclusa.
La Toráh Oral interpretativa de la ley mosaica, si la recibió Moisés como tradición junto con los mandamientos, o si apareció en tiempos del Segundo Templo, como afirman los arqueólogos, logró su cristalización en el siglo IV AD, pero no su incorporación al canon bíblico.
No logra incorporarse al canon bíblico por razones históricas: La destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 AD obligó a los sagues o sabios judíos, a cerrar el canon bíblico durante el Consejo de Jamnia, porque se corría el riesgo de que se confundieran los textos sagrados con los quiméricos. Si el Talmud se cristalizó hasta el siglo VI, lo hizo tardíamente para incluírsele en el canon del Antiguo Testamento.
Es importante resaltar lo que afirma David Levine, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que cuando se cierra el canon en el Consejo de Jamnia, en realidad no se decidió qué libros eran sagrados, sino cómo preservar las tradiciones bíblicas que hasta ese entonces habían sido estrictamente revisadas por los escribas dentro del Templo.
Sea cual fuere la razón para cerrar el canon bíblico, y los criterios para decidir qué textos entraban y qué textos eran excluidos, el Antiguo Testamento se clausura con los 39 libros aceptados por los sacerdotes hebreos.
La iglesia católica aparece en el 325 AD, que es el año cuando “la sacrosanta Majestad, el emperador romano Constantino, pasó a ser en cierto sentido obispo universal (el término Papa se forjará después), nombrando el cristianismo como la religión de Estado en el Concilio de Nicea” (Gontard, 1961: 150).
Con la aparición del catolicismo, emerge años más tarde también el canon bíblico católico, decretado en el Concilio de Roma en el 382 AD, cuando el obispo Dámaso encarga a Jerónimo la presentación de un texto latino más correcto de la Biblia, apareciendo entonces, en base a los textos seleccionados previamente en el Concilio de Nicea, la Biblia Vulgata con el canon neotestamentario que ha mantenido esta institución hasta la fecha (Gontard, 1961:171).
Dentro de este compendio, el catolicismo agrega algunos textos hebreos al Antiguo Testamento, libros que para el judaísmo de ese entonces habían adquirido un sentido histórico tradicional, pero que quedaron fuera del compendio bíblico por las razones que hemos mencionado en la reunión de Jamnia.
Los libros añadidos al Antiguo Testamento reciben el título de libros apócrifos, es decir, textos históricos del judaísmo, pero sagrados para la iglesia católica. Se trata de 1ª y 2ª de Esdras, el libro de Tobías, de Judith, 1ª, 2ª, 3ª y 4ª de Macabeos, la Oración de Manasés, el libro de la Sabiduría, Sirac, Baruc y algunos capítulos más del libro de Daniel.
La iglesia católica también excluye sus propios textos pseudoepígrafos del Nuevo Testamento, es decir, todos aquellos que por cuestiones de dogma, doctrina o dudosa procedencia, son descartados del canon neotestamentario. Nos referimos a evangelios fragmentarios, fragmentos papiráceos, textos de la natividad, de la infancia y de la pasión y resurrección de Yeshúa Hamashiaj, además de textos asuncionistas y evangelios gnósticos.
Excluir a los textos pseudoepígrafos tanto del Nuevo como del Antiguo Testamento del canon bíblico fue un acto necesario e incuestionable, pero dejar de lado los escritos interpretativos del Antiguo Testamento considerados sagrados para los judíos fue una castración a la naciente iglesia católica.
El rompimiento con la matriz judía excluye de manera barbárica un cúmulo invaluable de literatura interpretativa bíblica y encierra al cristianismo dentro de sus propios intérpretes, que durante muchos siglos fueron monjes católicos recluidos en sus celdas.
Las disertaciones de San Agustín en la “Ciudad de Dios,” donde el monje discurre en páginas enteras sobre el olor de las flatulencias en el cielo, justifican plenamente el conocer a este período histórico como el Oscurantismo.
Con la Reforma de Martín Lutero en 1533, el rompimiento entre la iglesia católica y el protestantismo, marca definitivamente el fin del monopolio religioso del catolicismo, un acto que lega la libertad de culto y respeto a las diferentes maneras de entender la salvación de Yeshúa HaMashiaj.
Sin embargo, Martín Lutero excluyó los textos que Jerónimo había añadido al canon del Antiguo Testamento que hemos mencionado como apócrifos, un hecho tan deleznable como la negación católica de los textos rabínicos reinterpretativos.
Martín Lutero perseguía dos fines con esta acción: Por una parte buscaba tener un canon independiente del catolicismo, pero que al mismo tiempo tuviera una semejanza con los libros que conformaban la Toráh judía, con la mira a convertir al pueblo hebreo a los parámetros protestantes.
Esto representó otro golpe fortísimo para la iglesia de Yeshúa HaMashiaj, ya que Lutero toma esta decisión sin consultar a nadie más, dejando la Biblia protestante con menos textos judíos.
Alabamos entonces a la Reforma Luterana por liberar del yugo oscurantista católico a la Alemania del siglo XVI, pero reprobamos el hecho de seguir negando la matriz judía.
Inglaterra seguirá este ejemplo secesionista al proclamar la iglesia Anglicana como independiente del Vaticano en el año de 1536 AD, siguiendo en la Biblia el canon protestante.
Por su parte, la universalización del protestantismo deviene en un crecimiento lento y doloroso que avanza con pesadez en un período de más de 400 años.
Sólo para situarnos en el momento histórico, dentro del judaísmo otra producción literaria estalla desde el siglo XII en Provença, en la comunidad judía de Sfarad y continúa hasta bien entrado el siglo XVI. Se trataba de literatura interpretativa bíblica que retomaba un poco el estilo talmudista, o mejor dicho, que quería dar autoría a la comunidad judía de esta región.
Sin embargo, esta literatura sefaradí tampoco impacta al catolicismo, al protestantismo o a la iglesia anglicana, y es que, regresando unos cuantos siglos, el nuevo auge del catolicismo había comenzado desde el 710 con la Reconquista, término que definía la cruzada católica que pretendía devolver los territorios que ganó el Islam desde el 680 AD. El triunfo final de esta guerra santa emprendida por el catolicismo es en 1492, cuando logran expulsar de España a judíos y árabes.
Aceptar la literatura reinterpretativa sefaradí del Antiguo Testamento era como dejarse influenciar por parte de los apenas derrotados judíos.
Este tipo específico de literatura interpretativa bíblica encuentra su destierro final con el antisemitismo nazi del siglo XX, que la vincula de una manera consciente a la brujería y a la adivinación, justificando de esta manera el genocidio al pueblo hebreo perpetrado por la Alemania hitleriana.
De este modo, la actual iglesia de Yeshúa HaMashiaj está desvinculada totalmente de su base hebrea y de su contexto judío, quedando sin un fundamento interpretativo que permita un entendimiento más profundo de la Biblia.
Los textos talmúdicos del siglo IV, al igual que la literatura sefaradí del siglo XII, son como joyas preciosas que han estado allí guardadas miles de años, ajenas y a veces hasta extrañas para los círculos cristianos.
La lectura de estos tesoros judaicos contribuyen a la plena restauración del Tabernáculo caído de David, que en términos espirituales corresponde a la correcta adoración, al sentido más pleno de los ministerios dentro de la iglesia y a la revelación más profunda de las Sagradas Escrituras, esta última siendo posible solamente a través del minucioso análisis de los textos rabínicos que nos iluminarán para entender mejor el Antiguo Testamento y de una manera más culta las enseñanzas del Salvador el Ungido, Yeshúa HaMashiaj.
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Interpretaciones Talmúdicas del Antiguo Testamento
GÉNESIS
Y vio Adonai todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto. (Génesis 1:31)
La bendición sobre las velas debe hacerse al acercarse el Shabbath, porque a esa hora fue creado el fuego, y tan pronto como se percibe el fuego, se debe hacer la bendición.
Rabbi Yehuda, por otra parte, dice que la bendición sobre las velas se debe hacer al mismo tiempo que la bendición sobre el vino.
Rabbi Yohanan declara que la Halajá, es decir, la Tradición, prevalece de acuerdo a rabbi Yehuda.
¿Pero es un hecho que el fuego fue creado cerca del Shabbath? ¿No hemos aprendido en el Tratado del Talmud titulado Aboth, que diez cosas fueron creadas durante el crepúsculo que le precedía al Shabbath, y que rabbi Nehemías añadió el fuego y la mula a las diez cosas?
No hay ninguna contradicción en lo anterior, sino que el fuego que utilizamos los seres humanos fue creado cerca del Shabbath, mientras que el fuego de la Gehena fue creado en el crepúsculo antes del Shabbath.
¿Fue entonces el fuego de la Gehena creado antes del Shabbath? ¿No hemos aprendido en el Tratado del Talmud titulado Nedarim que siete cosas fueron creadas antes que el mundo fuera creado, y dentro de esas siete se encuentra la Gehena?
La atmósfera de la Gehena fue creada antes del mundo, pero el fuego de la Gehena fue creado en el crepúsculo antes del Shabbath.
Aun así, ¿fue realmente el fuego de la Gehena creado antes del Shabbath? ¿No decía rabbi Banaha el hijo de rabbi Ula, que en las cosas creadas en el segundo día, el Eterno no dice que fueron buenas, y esto porque en ese día el fuego de la Gehena fue creado?
Entonces decimos que la atmósfera de la Gehena fue creada antes del mundo, que el fuego de la Gehena fue creado en el segundo día de la semana, y que el fuego que nosotros utilizamos fue creado antes del Shabbath.
Pero la Creación fue pospuesta, como hemos aprendido en una Boraitha, donde rabbi Yosef decía: “Dos cosas fueron pospuestas para su creación en la tarde anterior al Shabbath, y no fueron creadas sino hasta que terminó el Shabbath, y ellas son el fuego y las mulas.”
“Y cuando terminó el Shabbath, el Eterno puso en la cabeza de Adán producir fuego golpeando dos piedras una contra la otra y aparear a dos especies diferentes de animales, como lo son el asno y el caballo, y así se produjo la mula.” (TP, Capítulo IV, Mishná II)
COMENTARIO
El encendido crepúsculo en rojo pudo haber sido la fuente de inspiración de los maestros talmudistas para pensar que el Eterno había creado el fuego de los rayos agonizantes del sol poniente.
Para Roy Wagner (Wagner 1972), la Creación del mundo de acuerdo al Génesis es un mito de origen. Todas las sociedades tienen mitos de origen, como la sociedad moderna que explica la creación a partir de la explosión de unas partículas subatómicas, lo cual en términos lógicos es más que absurdo, porque en términos científicos, el ser humano es representado por un número imaginario, es decir, un número dentro de una raíz negativa, lo cual indicaría que es imposible que existamos, cuando la prueba de nuestra existencia la tenemos en nuestras propias vidas.
De acuerdo a Wagner, lo importante en los mitos de origen no es la veracidad de la historia, sino lo que el mito realmente significa para la sociedad que lo concibe, y en este sentido, no importa realmente si el Misericordioso hizo al universo en siete días o en siete millones de años, sino que lo verdaderamente relevante es que el Eterno hizo el universo y no se debió a un accidente probabilístico de la naturaleza. Dejemos de discutir sobre asuntos irrelevantes y vanos, como dice Tito 3:9 y enfoquémonos en nuestra salvación mediante el nombre de Yeshúa HaMashiaj.
Por otra parte, los talmudistas, mostrando un gran respeto hacia las diferentes posturas de sus colegas, intentan unificar las disímiles versiones de cada uno, lo que nos enseña, en primer lugar, a admirar las opiniones de cada quien, pero también a honrar y tolerar la diversidad de puntos de vista.
Con dolor darás a luz los hijos. (Génesis 3:16)
Rabbi Yohanan dijo: “Ganarse el pan diario es dos veces más laborioso que el que la mujer dé a luz un hijo, porque concerniente a la mujer que da a luz está escrito lo que en el citado versículo. Entre tanto que para que el hombre se gane la comida, en Génesis 3:17 dice:
Con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.
“Y el término –Con dolor–, beétzavón, implica un mayor grado de dolor.”
Rabbi Yohanan dijo nuevamente: “Que el hombre se gane el pan diario es incluso más difícil que la redención; porque concerniente a la salvación en Génesis 48:16 está escrito:
El Angel que me liberta de todo mal.
“Mientras que en lo que respecta al sustento diario en Génesis 48:15 dice:
El Eterno que me mantiene desde que yo soy hasta este día.
“Donde podemos observar que para la redención se necesita solamente a un ángel, mientras que para el sustento diario de un hombre se necesita la providencia del Eterno.” (TP, Capítulo X, Mishná V)
COMENTARIO
Cuando estudiaba la Maestría en Antropología Social en la Universidad Iberoamericana en la ciudad de México, analizábamos un autor que había estudiado a ciertas tribus africanas. A los hombres de esta tribu les tomaba ocho horas conseguir comida para toda la semana, teniendo todo el resto del tiempo libre para dedicarse al ocio. El autor lo contrastaba con las más de 50 horas que tenía que invertir un hombre de una sociedad moderna para conseguir su sustento.
Ciertamente, la modernidad nos trae un nivel de vida lleno de comodidades y de adelantos tecnológicos, pero a un precio muy alto, porque el ser humano difícilmente tiene tiempo para disfrutar de su familia, o incluso de sus logros.
Cuando estamos bajo la bendición Yeshúa HaMashiaj, en cambio, el tiempo que invertimos para la provisión pierde de alguna manera su importancia, confiando como Mateo 6:28 dice: “Y por el vestido, ¿por qué ponéis tanto afán en ello? Considerad atentamente cómo crecen los lirios del campo; no trabajan con fatiga ni se hacen de ropas hilando,” de modo que enfocarnos en fortalecer nuestra relación con el Creador del Universo, dedicar tiempo de calidad a nuestra familia, disfrutar de la vida y dar al trabajo el tiempo que se merece, es la fortuna que recibimos los creyentes.
La tierra te producirá espinos y cardos, y comerás plantas del campo. (Génesis 3:18)
Rabbi Yehoshúa ben Levi dijo: “Cuando el Señor le dijo a Adán lo citado en el versículo, corrieron lágrimas por los ojos de Adán, y entonces dijo: –Creador del Universo, ¿comeremos yo y mi asno del mismo lugar? –. Pero escuchen lo que en Génesis 3:19 le respondió el Señor:
Con el sudor de tu rostro comerás el pan.
“Entonces el hombre se sintió más tranquilo.”
Dice rabbi Simeon ben Lakish: “Hubiera sido mejor para nosotros que se nos hubiera dejado en nuestra condición original, cuando estábamos condenados a comer las hierbas del campo; porque así no habríamos sido obligados a trabajar tan duramente para conseguir nuestro pan.”
Dice Abayi: “No hemos sido liberados de esa condenación, porque hay un gran número de hierbas que podemos comer directamente del campo.”
Rabbi Shezbi dijo en el nombre de rabbi Elazar ben Azariah: “Que el hombre consiga su sustento diario es tan difícil de lograr como lo fue dividir el Mar Suf para los israelitas cuando salían de Egipto.” (TP, Capítulo X, Mishná V)
COMENTARIO
Ganarse el pan diario con dificultad, o como dice Génesis 3:19, con el sudor de nuestra frente, es una maldición por el pecado de desobediencia de Adán.
No obstante, el postrer Adán, que de acuerdo a 1 Corintios 15:45 es Yeshúa HaMashiaj, nos ha librado de esta maldición. Según el célebre predicador guatemalteco Cash Luna, quien se fundamenta en Eclesiastés 5:19, dice que el goce del trabajo de un hombre es un don del Boré, es decir, de nuestro Creador.
De este modo, debemos detenernos a pensar si disfrutamos nuestro trabajo. De ser afirmativa nuestra respuesta, demos gracias a nuestro Boré por el don inefable. De ser negativa, replanteemos nuestra situación laboral y busquemos el don del Creador mediante la bendición en nuestro trabajo, o en última instancia, mediante la búsqueda de un trabajo nuevo donde nos sintamos plenos y satisfechos.
Y dijo: Maldito sea Canaán; Siervo de siervos será a sus hermanos. (Génesis 9:25)
Cinco cosas mandó Canaán hijo de Ham, hijo de Noé a sus hijos: “Amarse unos a otros; amar el robo; amar la lascivia; odiar a sus maestros y nunca decir la verdad.”
Seis cosas fueron dichas de un caballo: “Es muy pasional; ama la guerra; es muy orgulloso; odia el dormir; come mucho y comparte poco.”
De acuerdo con otros: “Le gusta matar a su dueño en la batalla.” (TP, Capítulo X, Mishná I)
COMENTARIO
Canaán mira la desnudez de su padre Noé y se burla de ella delante de sus hermanos. Cuando su padre Noé se entera de lo que hizo su hijo, lo maldice por su impiedad.
Es lógico pensar que un hombre pagano aconsejará de manera errónea s sus hijos, y por eso los sabios talmudistas comparan a Canaán con un corcel, que si bien son equinos de bello porte al servicio del ser humano, seguirán siendo caballos.
De la misma manera, la mente de un hombre impío retuerce la moral. Es similar a la gente moderna, que bajo la bandera del relativismo ha perdido todo decoro, sirviendo a sus mentes reprobadas para aconsejar a sus hijos en el camino de la perdición.
Un seguidor de Yeshúa HaMashiaj aprende a discernir el bien del mal cuando comienza a observar los mandamientos, como dice Hebreos 5:14, porque la base de nuestra moral debe estar fundamentada en las Sagradas Escrituras.
Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes. (Génesis 17:5)
Hemos aprendido en una Boraitha: Yosef el hombre de Hutzal es Yosef el babilonio o Issi ben Gur Ariah o Issi ben Yehuda o Issi ben Gamaliel o Issi ben Mahalalal.
¿Pero cuál es su nombre en realidad? Issi ben Aqabia.
Rabbi Itzhak ben Tabla es rabbi Itzhak ben Haqla, lo mismo que rabbi Itzhak ben Eleazar es Elaá, y donde rabbi Itzhak es mencionado en la Halajá se refiere a rabbi Itzhak ben Aha, mientras que rabbi Itzhak es mencionado en la Aggadá como rabbi Itzhak ben Pinhas. (TP, Capítulo X, Mishná I)
COMENTARIO
Estos pasajes son de una riqueza inescrutable. Nos damos cuenta que un rabino podía tener varios nombres. Especulando sobre esta situación podemos decir que uno es su nombre de pila, otro su apodo, pero ¿cómo entendemos la gran variedad de nombres que nos presenta esta historia?
El cambio de nombre es una tradición bíblica que se da cuando el individuo ha experimentado una teofanía, es decir, un encuentro con el Eterno, y como resultado de esta teofanía el individuo es cimbrado y cambiado desde lo más profundo de su ser. En el Código Real Yeshúa HaMashiaj cambió el nombre de algunos de sus discípulos, como en Lucas 6:14, cuando a Shimón lo llama Kefa.
El nombre que una persona recibe cuando ha tenido este encuentro trascendental con El Shadday, el Todopoderoso, también representará su desempeño futuro como ser humano. El nuevo nombre permeará los aspectos de personalidad del sujeto.
Y creció el niño, y fue destetado; e hizo Abraham gran banquete el día que fue destetado Isaac. (Génesis 21:8)
Rabbi Avira predicó una vez en el nombre de rabbi Ami y otra vez en el nombre de rabbi Assi diciendo: “En base al citado versículo, significa que el Señor prepara una comida para los hijos de Isaac en el día en que los reciba en su favor.”
“Después de que la comida y la bebida sean consumidas, el Señor levantará la copa que se usa para la bendición después de los alimentos hacia Abraham, y Abraham dirá: –No soy digno, porque por mí causa nació Ismael–.”
“Entonces se le pedirá a Isaac que pronuncie la bendición, pero se negará a hacerlo porque fue padre de Esaú.”
“A Jacob se le ofrecerá entonces la copa, pero se rehusará porque se casó con dos hermanas, lo que después fue prohibido por la Toráh.”
“Entonces se le requerirá a Moisés que diga la bendición, pero también se negará, porque no fue destinado a entrar a la tierra prometida, ni antes ni después de su muerte.”
“Se le preguntará a Josué que acepte la copa, pero también se negará diciendo: –No soy digno, porque morí sin hijos–.”
“Finalmente se le ofrecerá la copa a David, y la aceptará diciendo: –Ciertamente soy digno y recitaré la bendición, porque en el Salmo 116:13 está escrito:
Tomaré la copa de la salvación, e invocaré el nombre de YHVH.
(TP, Capítulo X, Mishná V)
COMENTARIO
Los padres son honrados por los hijos buenos, pero el hijo malo trae a los padres una vergüenza comparable a un hecho de maldad delante del Eterno. Esto sucede en la historia talmúdica donde los grandes patriarcas son indignos de tomar la copa y recitar la bendición porque su descendencia fue mala.
Es David el único digno de realizar esta bendición, porque de la descendencia de David es Yeshúa HaMashiaj.
Tenemos una idea muy similar en el Código Real en Apocalipsis 5:5, porque en el Olám HaBáh, el Mundo Venidero, se abrirá el rollo y se romperán los sellos del juicio, y el único digno de estar delante de la presencia del Santo Verdadero, romper los sellos y abrir el rollo es el León de la tribu de Yehudáh, la raíz de David, es decir, solamente Yeshúa HaMashiaj es digno porque con su sangre se ganó el derecho de hacerlo.
ÉXODO
Este es mi nombre para siempre; con él se me recordará por todos los siglos. (Éxodo 3:15)
Rabha quería predicar acerca del nombre de Adonai desde el púlpito; entonces cierto anciano le dijo: “En el citado pasaje, la palabra olam,cuando se escribe Ayin, Vav, Lamed y Mem, significa –para siempre–, pero cuando se escribe como está escrito en el pasaje: Ayin, Lamed y Mem, también significa: –sellado–, de modo que el nombre del Señor está sellado y no debe ser discutido en público.”
Rabbi Abbini propuso una pregunta contradictoria acerca del mismo pasaje: “En la primera parte dice: –Este es mi nombre leolam, sellado– y en la última parte dice: –¿con él se me recordará por todos los siglos? –.”
Luego él mismo respondió: “Así dice el Santo Uno, bendito sea El: – Mi nombre escrito es uno, y mi nombre que se pronuncia es otro. Mi nombre se escribe YHVH pero se pronuncia Adonai–.” (TP, Capítulo III, Mishná VIII)
COMENTARIO
El hebreo tiene la peculiaridad de que las vocales “i,” “o” y “u” a veces pueden escribirse y a veces no. En el caso de la primera historia, la “o” no está presente en el versículo, lo que le añade un doble significado: para siempre y sellado.
En mi libro Los Nombres de Dios hago un detallado análisis del profundo respeto que tiene el judaísmo hacia el nombre de YHVH, cuya pronunciación es totalmente desconocida. En esta primera historia se enfatiza en mantener ese nombre sellado hasta el Olám HaBáh o Mundo Venidero.
En la segunda historia se nos revela un nombre con el que normalmente se menciona a YHVH dentro de las sinagogas: Adonai, que se traduce como “Señor.” Este nombre se le utiliza de manera respetuosa solamente para fines rituales.
Fuera de las sinagogas, para nombrar de manera más cotidiana a Aquel que Será, normalmente se le llama Hashem, que se traduce como “El Nombre.”
Y aquella noche comerán la carne asada al fuego, y panes sin levadura; con hierbas amargas lo comerán. (Éxodo 12:8)
Rabhina notó que rabbi Aha el hijo de Rabha durante la Pascua siempre se esforzaba por tener cierto tipo de hierbas amargas, como el rábano picante.
Le dijo entonces: “¿Es en tu opinión que este tipo de hierbas son más deseables porque son más amargas? ¿No hemos aprendido en la Mishná y también de los discípulos de rabbi Samuel que la lechuga debe estar en primer lugar, y rabbi Oshiya también dice que la lechuga es preferible? Aún Rabha dice que la lechuga es llamada Hassa en árabe, que significa: Adonai tiene misericordia de nosotros.”
Rabbi Samuel ben Nahmeni dijo en nombre de rabbi Yonathan: “¿Por qué los egipcios son comparados a las hierbas amargas?”
“Porque, como las hierbas amargas son primero suaves al paladar y luego amargan, así fueron los egipcios: primero trataron a los israelitas con bondad y después se endurecieron.”
Respondió rabbi Aha el hijo de Rabha: “Ya no buscaré las hierbas más amargas.” (TP, Capítulo II, Mishná VI)
COMENTARIO
La hierba amarga que normalmente utilizan los hebreos para celebrar la Pascua es la lechuga, lo que en un principio me sorprendió porque la lechuga no tiene mucho de amargo, pero sí mucho de profundidad: y es que la amargura en Egipto fue como la amargura de la lechuga, porque cuando estamos bajo la sombra del Eterno, aún los problemas más amargos tienen algo de dulce, como dice el rabino Pablo en Romanos 8:28 que todas las cosas ayudan para bien a los que aman a Habojén Lebabót, al que Escudriña los Corazones.
Estas historias talmúdicas son reflejo de situaciones modernas, y es que he escuchado de gente que durante la celebración de la Pascua consigue incluso ajenjo para darles a probar a sus invitados, con la finalidad de que sepan lo que es realmente la amargura, que según ellos representaba la amargura que sintieron los israelitas al estar bajo el yugo egipcio. Al parecer, el rabino Aha pensaba del mismo modo.
Sin embargo, decir que vivieron en una vida de completa amargura es tan grave como decir que Aquel que fue Amud Anán, Columna de Nube, se había olvidado por completo de ellos, cuando en realidad, su misericordia siempre los acompañó a pesar de sus dificultades.
Muchas personas se quejan de que viven vidas de miseria porque han perdido su trabajo, a un ser querido, o porque no tienen los bienes ni la posición social ni económica que desearían tener, sin embargo, no se dan cuenta que gracias a Amud Esh, Columna de Fuego, nunca les ha faltado alimento, vestido ni techo donde refugiarse, de modo que por muy amarga que sea la vida de una persona, cuando se trata de un creyente, la misericordia del Creador del Universo siempre estará sobre su vida.
Ninguna cosa dejaréis de él hasta la mañana; y lo que quedare hasta la mañana, lo quemaréis en el fuego. (Éxodo 12:10)
¿Por qué el citado versículo repite –hasta la mañana– dos veces?
Para permitirle a la persona un día más para quemar el sobrante.
La persona que rompe los huesos del cordero pascual santificado incurre en el castigo de cuarenta latigazos; pero la persona que deja un pedazo de carne toda la noche, o que rompe un hueso del cordero pascual sin santificar no incurre en ninguna falta.
¿Cómo sabemos que la persona que rompe un hueso del cordero pascual sin santificar no incurre en ninguna falta?
Porque en Éxodo 12:46 está escrito:
Ni quebraréis hueso suyo.
Y la palabra –suyo– significa que solamente al cordero pascual santificado no es permitido romper ningún hueso, no así con uno sin santificar. (TP, Capítulo VII, Mishná VIII)
COMENTARIO
Aquí tenemos un caso hermoso donde se nos muestra que cada palabra, que cada término y que cada repetición en las Escrituras tiene una razón de ser.
A veces pensamos que la Biblia contiene errores y contradicciones, sobre todo los que defienden la teoría de que el error humano queda así impreso a pesar de ser un libro inspirado por el Eterno, porque al momento que es escrito por hombres perfectibles trastornan el mensaje.
Para el judaísmo, en cambio, la Biblia es un libro de tan perfecta hechura divina, que aun los versículos que representan grandes retos para los teólogos, serán explicados cuando Yeshúa HaMashiaj revele el verdadero significado de cada palabra en el Olám HaBáh, el Mundo Venidero.
A nosotros nos queda creer en la veracidad de las Sagradas Escrituras e intentar hacer, lo mejor posible, la perfecta voluntad del Único Santo.
Siete días comeréis panes sin levadura; y así el primer día haréis que no haya levadura en vuestras casas. (Éxodo 12:15)
Rabbi Yehudah pensaba: “Antes, cuando todavía existía el Templo, dos tortas como ofrenda de acción de gracias que ya habían sido profanadas eran expuestas en la banca del Templo.”
“Mientras las dos tortas estuvieran allí, la gente seguía comiendo pan con levadura; cuando una de las tortas era removida, se abstenían de comer pan con levadura, pero todavía no quemaban el pan restante; cuando ambas tortas se removían, toda la gente comenzaba a quemar el Jometz, el pan con levadura.”
Rabha dijo en el nombre de rabbi Yehudah: “En el Templo del Monte había una banca con un arco doble.”
Hemos aprendido esto en una boraitha que rabbi Yehudah dijo: “Se le llamaba Istavanith, porque un techo cubría la banca, y la banca estaba compuesta por dos arcos: uno que salía del otro.”
En otra boraitha hemos aprendido que Abba Saul dijo: “Había también otra señal: dos vacas eran arriadas a arar en el Monte de los Olivos. Mientras que las dos vacas se podían ver, toda la gente podía comer pan con levadura; cuando una de ellas era removida, la gente se abstenía de comer pan leudado, y tan pronto como la otra era quitada, se comenzaba a quemar la levadura.” (TP, Capítulo I, Mishná IV)
COMENTARIO
De un modo más práctico, dejar de comer pan con levadura e incluso quemar cualquier resto de harina con levadura, implica lo que el rabino Pablo en 1 Corintios 5:6 dice acerca de la jactancia: que un poco de levadura leuda toda la masa, o en otras palabras, si permitimos que un pecado pequeño entre en nuestras vidas, pronto llevaremos una vida entera de pecado.
Los días dentro del judaísmo no son como los días en Occidente, sino que comienzan en la tarde, porque en el libro de Génesis está escrito después de cada acto creador: “y fue la tarde y la mañana un día.” Esto implicaba el cálculo del momento en que entraba el día en la tarde en base a la posición del sol y a la aparición de ciertas estrellas en los cielos, como es tema de otros tratados del Talmud.
Los cálculos por supuesto eran realizados por especialistas en la materia, y la manera más sencilla de hacerlo era dando señales visibles para todo poblador en Jerusalén, ya que tanto el Templo como el Monte de los Olivos eran visibles desde cualquier punto de la Ciudad Vieja.
En la actualidad, es sorprendente cómo en Israel durante la Pascua, incluso las hamburguesas de Mac Donalds están hechas con pan sin levadura.
Por otra parte, tenemos descripciones de primera mano sobre detalles del Templo de Herodes, lo que hace que el texto talmúdico tenga un valor histórico inigualable.
Por siete días no se hallará levadura en vuestras casas. (Éxodo 12:19)
Rabbi Aha el hijo de rabbi Yosef dijo a rabbi Ashi: “Samuel dijo: –No hay mejor manera de esconder dinero que enterrándolo–.”
“Así que le pregunté: ¿Lo tengo que enterrar 3 spans como se entierra el pan con levadura?”
“Y Samuel respondió: –En el caso de la levadura es esencial que los perros no la huelan, por eso es necesario cavar 3 spans; pero cuando se entierra dinero es necesario ocultarlo de la vista y es necesaria menos profundidad–.”
“¿Cuál debe ser la profundidad entonces?”
Dice Raphram bar Papa de Sikhra: “La profundidad debe ser de un span.” (TP, Capítulo II, Mishná IV)
COMENTARIO
En Mateo 13:44 Yeshúa HaMashiaj hace la comparación del Reino de los Cielos con el tesoro que una persona encuentra en un campo; la persona gozosa entierra nuevamente el dinero en lo que compra el campo. Hasta a principios del siglo XX era común escuchar que la gente escondía sus bienes enterrándolos en algún lugar o empalizándolos en las paredes. Este relato nos ofrece una visión antropológica fascinante de cómo era la vida en los tiempos de Yeshúa HaMashiaj.
Pero también hay una enseñanza espiritual profunda: la levadura, que en otra parte de este manuscrito hemos apuntado es una metáfora del pecado, debe ser enterrada lo suficientemente profunda para que incluso el olfato de los perros no la encuentren, y esto es un simbolismo también de nuestras vidas: cuando hemos nacido de nuevo, debemos enterrar nuestras prácticas paganas y profanas que practicamos con anterioridad lo suficientemente profundas como para que no volvamos a saber dónde quedaron, ni nos traigan algún recuerdo que nos lleven de vuelta a lo que ya habíamos dejado atrás.
Por otra parte, enterrar el dinero también tiene un sentido espiritual: el sentido de ahorrar para nuestro futuro; de hacernos un patrimonio cuando tenemos las posibilidades; de invertir cuando sabemos que a largo plazo nos va a redituar una bendición.
Es la víctima de la pascua de YHVH, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. (Éxodo 12:27)
Rabbon Gamaliel solía decir: “Quien quiera que no menciona las 3 siguientes cosas durante la Pascua no ha cumplido su deber:
“1) El Cordero Pascual del Sacrificio, que es ofrecido porque el Señor pasó sobre las casas de nuestros ancestros en Egipto, como está escrito en el citado versículo.”
“2) El Pan sin Levadura, que es comido porque nuestros ancestros fueron redimidos de Egipto antes que pudieran leudar su masa, como en Éxodo 12:34 dice:
Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre sus hombros.
“3) Las hierbas amargas, que son comidas porque los egipcios amargaron las vidas de nuestros ancestros en Egipto, como en Éxodo 1:14 está escrito:
Y llevó el pueblo su masa antes que se leudase, sus masas envueltas en sus sábanas sobre sus hombros.
“Es algo que debe incumbirle a toda persona, de cualquier edad, que consideren como si ellos mismos hubieran salido de Egipto como en Éxodo 13:8 dice:
Y lo contarás en aquel día a tu hijo, diciendo: Se hace esto con motivo de lo que YHVH hizo conmigo cuando me sacó de Egipto.
“Y por eso estamos obligados a agradecer, a darle alabanza, adoración, gloria, exaltación, honor, bendición y reverencia a quien obró todos estos milagros para nuestros ancestros y para nosotros, porque él nos trajo de esclavitud a libertad; cambió nuestro lamento en gozo, nuestro llanto en fiesta, nos sacó de las tinieblas a la luz brillante, y de servilismo a redención: por eso decimos en su presencia: Aleluya.” (TP, Capítulo X, Mishná IV)
COMENTARIO
La Pascua es también el punto nodal de los seguidores de Yeshúa HaMashiaj, porque Él mismo es la representación más perfecta del cordero de la Pascua, que por medio de su sangre preciosa nos perdona todos nuestros pecados.
El énfasis en recordar lo que sucedió históricamente es algo que las sociedades modernas olvidan con facilidad: olvidamos que un gobernante o un líder hizo un gran fraude hace algunos años y volvemos a votar por él; olvidamos que cuando andábamos en nuestros pecados y en nuestros vicios éramos infelices y desgraciados, y volvemos a recaer; olvidamos, en fin, lo bien que nos iba cuando éramos fieles a Yeshúa HaMashiaj y nos apartamos del camino sin darnos cuenta que ponemos en riesgo nuestra salvación.
Recordar la amargura del pasado, pero también la mano poderosa de El Caná, El Celoso, es mantener viva nuestra fe aún en los momentos de prueba y de dificultad.
Pero ningún incircunciso comerá de ella. (Éxodo 12:48)
Había cierto arameo que iba a Jerusalén cada Pascua, y diciendo que era israelita, comía del cordero pascual.
Una vez regresando a su casa en la ciudad de Nisbis, le dijo a rabbi Yehudah ben Bathyra: “En su Toráh está escrito lo que en el citado pasaje, sin embargo, voy a Jerusalén cada año y como lo mejor del cordero pascual.”
Le dijo rabbi Yehudah ben Bathyra: “¿Te han dado de las grosuras de la cola?”
“No” fue su respuesta.
Entonces rabbi Yehudah le aconsejó que cuando fuera otra vez, pidiera esa parte.
Cuando el arameo fue a Jerusalén al año siguiente, pidió que se le diera de la grosura de la cola. Le preguntaron: “¿Quién te dijo que tú podías comer esa parte? Porque la grosura de la cola se sacrifica en el altar.”
Entonces él les respondió: “Rabbi Yehudah ben Bathyra me lo dijo.”
Dijeron ellos: “¿Qué significa esto? Porque es seguro que rabbi Yehudah sabía que esto no podía ser.”
Entonces hicieron una investigación y se dieron cuenta de que el hombre no era israelita sino arameo, y fue castigado por su acción.
A rabbi Yehudah ben Bathyra le enviaron el siguiente mensaje: “La paz sea en usted, rabbi Yehudah ben Bathyra, que se sienta en Nisbis, pero lanza su red en Jerusalén.”
Había tres sacerdotes. Uno de ellos dijo: “Me tocó un pedazo de pan del tamaño de un frijol.”
El otro dijo: “A mí me tocó del tamaño de una aceituna.”
El tercero dijo: “El mío era del tamaño de la cola de una lagartija.”
Cuando escucharon el lenguaje del tercero, hicieron una investigación y resultó que no se trataba de un sacerdote genuino.
Dos discípulos se sentaron delante de Rabh: Uno de ellos le dijo: “El estudio del Talmud del día de hoy me ha cansado como a un cerdo.”
El otro dijo: “A mí el estudio me cansó como a cabra.”
Desde aquel día Rabh no le dirigió la palabra al primero de estos discípulos. (TP, Capítulo I, Mishná I)
COMENTARIO
A veces pensamos que podemos estar por encima de la ley y seguir con nuestros desvaríos sin recibir la justa retribución de nuestras malas obras.
En la primera historia, el rabino Yehudah ben Bathyra se entera de un hecho que va en contra de la ley mosaica. Como se trata de una historia que sucede en otra ciudad, y de una persona que quizás hasta esté blofeando, una confrontación directa lo habría llevado a perder el juicio por la carencia de pruebas.
Entonces lo que hace es tenderle sabiamente una trampa para que caiga por sus propios hechos la siguiente vez que cometa el ilícito. Si bien, su actitud es digna de admiración, pues no juzga a la ligera, sino que comprueba la veracidad de la historia y se asegura de que el implicado reciba su castigo, no por mano propia, sino por medio de las autoridades competentes.
La historia siguiente también trata de un impostor que es descubierto por su forma de hablar. Esto nos enseña a tener cuidado incluso de los asistentes a nuestras congregaciones, porque pueden ser ovejas disfrazadas de lobos, como dice el rabino Pablo en Hechos 20:29. De cualquier manera, el Señor los cortará de nuestras congregaciones como dice 1 Juan 2:19, que salieron de nosotros porque no eran de nosotros.
La última historia, compara a un discípulo con un impostor por el lenguaje que utiliza. Mencionar a una lagartija y a un cerdo nos parece a primera que no es algo tan grave, al fin también se está haciendo la comparación con un frijol y con una cabra. Para el judaísmo, los cerdos y las lagartijas son animales inmundos.
Es precisamente ese detalle el que marca la gran diferencia: cuando hablamos con nuestros conocidos, a veces comenzamos a utilizar los mismos términos que ellos utilizan, pensando que es de lo más normal hablar en slang o con términos altisonantes.
Sin embargo, debemos detenernos y preguntarnos: ¿Este es el mismo lenguaje que utilizaría si estuviera en una entrevista de trabajo? ¿Este es el vocabulario que utilizaría en una conferencia para impactar a gente culta?
Si la respuesta es negativa, entonces debemos utilizar otros términos, y es que debemos dar testimonio de que Yeshúa HaMashiaj vive en nosotros, y que ha hecho una transformación en nuestras vidas, transformación que debe impactar también nuestra forma de hablar, recordando lo que nuestro Mashiaj dijo en Mateo 12:36, que daremos cuenta de toda palabra ociosa que sale de nuestra de boca.
Y tú alza tu vara, y extiende tu mano sobre el mar, y divídelo, y entren los hijos de Israel por en medio del mar, en seco. (Éxodo 14:16)
Rabbi Nathan dijo: “De acuerdo al dictamen de rabbi Huna, cuando los israelitas atravesaban el Mar Suf, los peces del mar dijeron conforme al Salmo 117:
Y la fidelidad de YHVH es para siempre.
Rabbi Huna decía: “Cuando los israelitas fueron rescatados de Egipto, eran todavía escépticos, y cuando los llevaron a través del Mar Suf, dijeron: –Seguramente los egipcios ya pasaron por el mar en otro punto y nos alcanzarán y nos darán muerte–.”
“De modo que el Señor dijo al maestro del mar: –Arroja fuera del mar los cuerpos de los egipcios y deposítalos en tierra seca, para que los vean los israelitas–.”
“Y el maestro del mar dijo: –Creador del Universo, ¿hay algún esclavo que haya sido dado a su amo y después privado de él nuevamente–.”
“Entonces el Señor replicó: –Yo te devolveré esos cuerpos más la mitad de los que tú arrojes fuera del mar–.”
“Y el maestro del mar dijo nuevamente: –Creador del Universo, ¿hay algún esclavo que no demande la restitución de su Señor? –.”
“Y el Señor le volvió a responder: –El arroyo de Cisón será tu promesa–.”
Por eso los cuerpos de los egipcios fueron arrojados fuera del mar en tierra seca, e Israel lo vio, como en Éxodo 14:30 dice:
E Israel vio a los egipcios muertos a la orilla del mar.
¿Pero cómo sabemos que el Señor cumplió el añadir la mitad de cuantos egipcios fueron arrojados del mar?
Porque concerniente a los egipcios, en Éxodo 17:7 dice:
Y tomó seiscientos carros escogidos.
Mientras que en lo concerniente a Sísara en Jueces 4:3 dice:
Porque aquél tenía novecientos carros herrados.
Cuando Sísara vino a levantar guerra contra los israelitas, lo hizo con lanzas de hierro, pero el Señor cambió la posición de las estrellas, como en Jueces 5:20 está escrito:
Desde los cielos pelearon las estrellas; desde sus órbitas pelearon contra Sísara.
Tan pronto como las estrellas se movieron, las lanzas del ejército de Sísara se calentaron, de modo que los hombres fueron a enfriarlas al arroyo de Cisón, y entonces el Señor le dijo al arroyo de Cisón: “Ve ahora y cumple la promesa con que te comprometí.”
De este modo, el arroyo arrojó a todos al mar, como en Jueces 20:21 dice:
Los barrió el torrente de Cisón, el antiguo torrente, el torrente de Cisón.
¿Y por qué es llamado –el antiguo torrente–? Es llamado así porque hizo una promesa de tiempos antiguos.
Así, cuando todos esos hombres fueron arrojados en el océano, los peces, que fueron provistos con tanta comida exclamaron lo que el Salmo 117:2 dice:
Y la fidelidad de YHVH es para siempre.
Rabha predicaba: “En el Salmo 116:1 está escrito:
Amo a YHVH, pues ha oído mi voz y mis súplicas.
“La congregación de Israel dijo al Santo Uno, bendito sea Él: –Señor del Universo, ¿cómo sé que he encontrado gracia delante de tus ojos cuando escuchas mi oración?–.”
“Y por eso, más adelante, en el Salmo 116:6 dice:
Estaba yo postrado, y me salvó.
“La congregación de Israel le dijo al Señor: –Señor del Universo, a pesar de que no soy eficiente guardando tus mandamientos, siempre he sido tuyo; y por lo tanto sería decoroso que tú me ayudaras–.” (TP, Capítulo X, Mishná V)