Excerpt for Cronicas de Chico Pelon # 2 by Emari Valdicar, available in its entirety at Smashwords

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Crónicas de Chico Pelón

# 2

Emari Valdicar



Smashwords edition

Todos los derechos reservados.

Copyright 2011 Emilio Cardona

Diseño de la portada de Cavan Cairo


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Advertencia: Este libro está dirigido a los adultos maduros. Los ejemplos de contenido sexual explícito y lenguaje soez.



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Capítulo Dos:

Chico Pelón- Amante de la Naturaleza



Mi familia eran aficionados a la acampada, cada fin de semana estuvimos por ahí explorando nuevos parques estatales y los tesoros nacionales. Y me encantaba. No por los distintos animales que hallaba uno o el olor del aire fresco por la mañana. Fue las duchas comunes llenas de hombres desnudos.

A veces, me gustaba sudar al ir caminando o corriendo, sólo para tener una excusa para tomar una ducha. En el interior del baño, me sentaba en un banco al lado de las duchas, poco a poco tomando mis zapatos, mientras yo miraba los cuerpos mojados de los extraños, el agua goteando por sus espaldas, puntillas de agua sobre sus culos. Había días en que se tenia suerte y llegaba un hombre que no era inseguro sobre su cuerpo o el tamaño de su pene, y no le importaba si alguien más lo veía. Ellos fueron los que se dieron la vuelta a menudo y mostraban sus cuerpos llenos de espuma de jabón. Por supuesto, no les hice caso a los hombres que eran demasiado viejos o con sobre peso, pero si les eche el ojo a sus paquetes para compararlos con los otros.

Así que me sentaba en el banco nada más con una toalla, mientras veía pollas a la izquierda y a la derecha, esperando que algún día un hombre me pidiera que le ayudara a lavarse y luego ponerme de rodillas. No vino tal suerte.

Hubo algunos días en que nadie vino a las duchas, los meses fríos de octubre a febrero. Pero hay una alternativa a este problema. Los grandes agujeros junto a los titulares de papel higiénico se convirtieron en mi siguiente obsesión. Me gustaba sentarme en un puesto y esperar hasta que un hombre se presentara a orinar. Vergas de diferentes tamaños estaban en exhibición aquí. Y yo tenía un asiento en primera fila!

A esa edad de 14 años, todavía era ingenuo y me hubiera gustado que hubiera habido una manera de decirle a estos extranjeros que metieran su pene en estos agujeros para que yo los pudiese tocar. Oh, las posibilidades que me imaginaba! Pajas de dos pollas a la vez, con salpicaduras sobre mi cuerpo desnudo... Recuerde que esto fue años antes de que yo sabía lo que era un “agujero de placer”.

Antes de que mi primo Lucas fuera a la cárcel por robo de vehículos, a veces nos acompañaba a mi familia y yo en estos viajes de campamento. En ese tiempo, ya estábamos bastante familiarizados con nuestros cuerpos. Visitamos las duchas por la noche antes de ir a dormir. Nos enjabonamos el uno al otro mientras nos reíamos de la mierda que sucedió ese día. Al final de nuestras duchas, nuestros penes estaban bastante duros y nos ayudamos mutuamente para aliviar la tensión acumulada en nuestros huevos. Después de aquello mi primo empezaba a golpearme con una toalla mojada y yo le hice lo mismo a él, a medida que corríamos desnudos por los pasillos del baño público. Riéndonos de como nuestros culos se habían vuelto a un brillante color de rojo.

Por la noche, después de que disfrutamos de una cena fogata de salchichas un poco quemadas, nuestras familias se retiraron a sus tiendas de campaña, y mi primo e yo dormíamos en la nuestra.

Una noche el se despertó al verme acariciando su polla. Miré a sus ojos coquetos y su sonrisa contagiosa, y le devolví la sonrisa. El pronto se quitó los calzoncillos y cerró los ojos cuando empecé a masturbarlo. Sentí su palpitante polla en mi mano, y como se encogió sus pies, pues en pocos minutos ya había mecos sobre su estómago. Me sorprendió la cantidad que salió. Limpié la leche de su pecho con mis calcetines. Una pequeña cantidad de ella aún permanecía dentro de su ombligo.

"¿Quieres probarlo?", Me dijo. Y sin vacilar, mi lengua muestra su líquido viril. El sabor era amargo y ácido.

"No está mal", le contesté, mintiéndole con una sonrisa mientras su mano rociaba mi estómago.

Su mano estaba tan caliente sobre mi piel temblorosa que mi pene ya estaba duro cuando su mano se deslizó más allá del elástico de la ropa interior. Su mano caliente poco a poco me tocó el pene, un ardor en cada parte de mi cuerpo, su sensación cellada en mi memoria. Él tomó mis bolas y entonces ferozmente mueve mi verga. Yo empecé a gemir, sin importarme si mi familia me había escuchado. Me quité la ropa interior, pues no había necesidad para ello. Entonces me relajé cuando finalmente me vine en su mano.

Los dos dormimos desnudos, exhaustos y emocionados al mismo tiempo. Me di la vuelta y puse mi brazo sobre su pecho.

"Buenas noches," le susurré, mientras me acercó más a el.

Escuché los latidos de su corazón, un ritmo suave que se me hizo fácil dormir. Soñé que un chico guapo y bronceado me pedía que le untara jabón en su espalda. Me congelo! Y seguí con la ducha. Como le responderé? En rodillas al tragar su polla? Y de repente despierto del sueno, bien mojado.

¿Quién sabe qué experiencias sexuales me esperan?

Creo que vamos a averiguarlo…


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Sobre el autor:

Emari Valdicar vive en Nueva York con su perro Oreo. Actualmente está trabajando en una historia de amor sobrenatural de hombres lobos y vampiros, y una fantasía erótica para el 2012.


www.EmariValdicar.com


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